Por Xicoténcatl  | Rebelion

César Yañez, Comandante Germán (centro)

“Vivimos en un mundo de simulación, en un mundo donde la más alta función del signo es hacer desaparecer la realidad y, al mismo tiempo, enmascarar esta desaparición”. Jean Baudrillard. El complot del arte. 

La noche del martes 16 de Noviembre, César Yañez, Comandante Germán, fundador de las FLN, anunció en rueda de prensa celebrada en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, que estaba pendiente realizar el II Congreso de las Fuerzas de Liberación Nacional.  El Primer Congreso se realizó en enero de 1993.

Resaltar la importancia de las FLN en el levantamiento zapatista del 1 de enero de 1994 es un acto básico de justicia para empezar a develar los puntos oscuros de una historia que “estalló” en las redes sociales y en los medios de comunicación de todo el mundo en los 90, y que atrajo el interés de buena parte de la juventud anticapitalista europea y mexicana.  Los elementos a la vista eran atractivos:  una guerrilla indígena que le declara la guerra al ejército federal mexicano y ocupa militarmente 8 cabeceras municipales, un líder sin rostro que desarrolla un discurso ágil y poético y, en un principio, menciona e integra en la lucha los elementos sensibles en la imaginación popular de la historia mexicana reciente (la primera mitad del siglo XX).

Los sucesos y acciones de aquel enero y los meses siguientes aceleraron la vida política mexicana y profundizaron la crisis del Partido Revolucionario Institucional que durante 80 años había gobernado con mano de hierro y políticas paternalistas de cooptación preferentemente y eliminación de la oposición cuando fallaba la primera opción.

Pero han pasado 28  años y aquel EZLN es ahora irreconocible, no sólo en el impulso transformador y de liberación nacional que planteaban las comunidades zapatistas; han sido también golpeadas por las divisiones al interior, enfrentamientos y abandono de la militancia; el Sub Marcos recibió un certificado de defunción a cargo del SubGaleano, ahora con parche pirata y un discurso irónico ya desgastado que no alcanza el atractivo protagónico de sus primeras intervenciones.  Para completar el cuadro aquel 16 de noviembre, durante la presentación del último cuaderno de Dignificar la Historia, el comandante Germán destapó la caja de Pandora, evidenciando que es necesario revisar y ponerle los colores adecuados a aquel atractivo escenario revolucionario de 1994.

En el marco de la conmemoración del 38 aniversario de la fundación del EZLN Germán señaló que el ahora conocido como SubGaleano “trastocó la estructura de los estatutos que juró defender”.  El subcomandante Marcos desvió el origen de la lucha del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, al convertirlo en un movimiento indígena, cuando el acuerdo del congreso de las Fuerzas de Liberación Nacional de 1993 para la guerra en Chiapas de 1994 era sobre la base del método marxista, acusó el comandante Germán, uno de los cinco fundadores del EZLN y jefe de la FLN.

Estructura de mando militar.- En la cúpula de la organización (EZLN) había 5 subcomandantes. Una manera inteligente de evitar personalismos y toma arbitraria de decisiones.  Pero unos por deserción (Daniel) otros  ejecutados y otro (Pedro)  muerto por un francotirador el 1 de enero en las Margaritas, al final  llegamos a los meses previos a 1994, con una figura en la jerarquía militar y que desplazó al Jefe Máximo, el comandante Germán.  Algo  parecido a un  golpe de mano interno.

El comandante Germán afirmó que está apenado con el engaño que sufrió en su momento el sociólogo francés Yvon Le Bot, cuando escribió el libro El sueño zapatista y aseguró que el Comité Clandestino Revolucionario Indígena de la Comandancia del EZLN fue otro invento de Marcos; “los compañeros indígenas participaron como responsables de un pueblo o de una región, ése era realmente su trabajo, tenían una responsabilidad política. No política- militar. La política militar la decidía el partido, creando cuadros políticos-militares; quienes tenían un grado militar es porque había caminado la montaña, había pasado un examen”.

El dirigente zapatista convocó al subcomandante Marcos para que “delante de nosotros (diga), fue o no fue a un congreso y juró aplicar los principios del partido de la Fuerzas de Liberación Nacional; porque lo niega; no puede salir de su zona de confort y aclare las cosas; yo estoy aquí ante ustedes, no oculto nada; tenemos películas donde habla Marcos; está en el Partido y ustedes las van a poder ver”.

Adela Cedillo investigadora.- Adela Cedillo publicó en 2008 su tesis  “El fuego y el silencio. Historia de las Fuerzas de Liberación Nacional Mexicanas (1969-1974) “para obtener el grado de licenciada en historia por la Universidad Nacional Autónoma de México, la UNAM.

Es un detallado trabajo de investigación donde Adela empieza ubicando el contexto del surgimiento de las primeras organizaciones político-militares mexicanas. Los movimientos sociales y las guerrillas de los 60 y la formación de las FLN. Incluye en su trabajo un anexo con la síntesis de historias de vida de miembros de las FLN ejecutados o desaparecidos hasta 1974.  Adela Cedillo hizo también declaraciones en referencia a la presentación de los cuadernos de la serie Dignificar la historia por parte del comandante Germán. En la revista COMUN -Memorias combates proyectos-, y en su columna Historias de fuego “La ventriloquía del Subcomandante Marcos-Galeano, la memoria de las Fuerzas de Liberación Nacional y la ruptura del silencio” (30 nov. 2021).  En este artículo Adela Cedillo aclara que su postura ante este conflicto entre cúpulas militares revolucionarias es neutral y que desde 2006 dejó de participar en las redes de apoyo al zapatismo. Por otro lado, los dos bandos han mostrado rechazo hacia su trabajo de investigación histórica sobre las FLN. A través de terceros me enviaban mensajes contundentes:  de las FLN  no se habla, ni bien ni mal, por motivos de seguridad.  Naturalmente me negué a aceptar semejante condicionamiento. Sospechaba, y el tiempo me dio la razón, que había otras razones por las que la historia de las FLN eran un tabú.  No era un problema menor tratar de entender por qué, mientras que millones de personas en México y el mundo sabían de la existencia del EZLN, nadie supiera nada de las FLN… Lo más impactante fue descubrir la colección de documentos de las FLN que la Dirección Federal de Seguridad (DFS), había requisado de varias casas de seguridad entre 1971 y 1980. Comunicados, periódicos, cartas, fotografías, hojas de vida, mapas, planos, agendas telefónicas, actas de matrimonio, documentos de identidad falsos y noticias de grabaciones de audio y video que no habían sido adjuntadas a los legajos. Mi tercer grupo de fuentes fueron las entrevistas con exmilitantes de las FLN y familiares de los guerrilleros desaparecidos y ejecutados.  Fue así como a partir de 2003 me embarqué en una aventura paralela a la escritura de la historia de las FLN: la memorialización de sus caídos y la lucha por la presentación de los desaparecidos. Una acción desinteresada a favor de las víctimas que, de nueva cuenta, no fue bien recibida por el EZLN. ¿Qué era lo que estaba en el fondo de tanto silencio y ocultamiento de la identidad de los muertos y desaparecidos?

Incluso a partir de 2007, cuando en los Caracoles zapatistas se empezó a rememorar a “los primeros,” se hacía siempre bajo pseudónimo. Se les dio el nombre a algunos espacios de “Compañero Manuel”, “Compañero Salvador” y “Compañera Murcia,” sin mayor contexto. ¿La justificación? Proteger la identidad de las familias. Familias a las que, por cierto, nunca se acercaron. Si lo hubieran hecho, los zapatistas hubieran descubierto que las familias no se oponían en absoluto a la memorialización de sus seres queridos, sino todo lo contrario.

Para cualquiera que le haya dado seguimiento a la historia del EZLN, resulta evidente que la voz de Marcos domina más del 95% de la producción escrita de la comandancia zapatista, especialmente en la forma de comunicados y libros. Marcos y, en mucho menor medida Tacho y Moisés, monopolizaron el relato de origen sobre el EZLN, en donde apenas y reconocieron la aportación de las FLN. Estas aparecen como la organización madre casi por accidente, como una especie de apéndice incómodo y sin valor y no como la organización cuyo proyecto político-militar prevaleció en el EZLN hasta 1993. Para Marcos, los mestizos urbanos de las FLN no entendían lo que estaba ocurriendo con las comunidades indígenas movilizadas en las Cañadas y los Altos, no se actualizaron, se quedaron añorando un socialismo que ya no tenía posibilidades de ocurrir. Él, en cambio, había entendido el cambio de los tiempos porque no había llegado a imponer su voluntad sino a escuchar la de los más pequeños.[1]

He visto cómo diferentes estudios sobre el EZLN reproducen esta versión romántica de los hechos de forma completamente acrítica. Además, Marcos fomentó un pensamiento paranoico, según el cual, cualquiera que pusiera en entredicho su versión tenía intenciones policías y contrainsurgentes, mientras que quienes aceptaban su palabra, mostraban un respeto genuino por los indígenas. La manera en la que el discurso de Marcos fusionaba su voz individual con la del grupo era muy efectista, nadie cuestionaba que, en realidad, podría tratarse de dos voces distintas.

En 1992 hubo una innegable bifurcación de proyectos y visiones. Por un lado, un sector de las FLN, encabezado por el comandante “Rodrigo,” segundo al mando de la organización, había concluido que las leyes de la guerra habían cambiado y que, de levantarse en armas, las comunidades serían fácilmente cercadas y minadas con las tácticas contrainsurgentes de última generación, puesto que el apoyo social para la lucha armada estaba en su punto histórico más bajo.  El grupo de “Rodrigo” era partidario de un retorno escalado a la actividad abierta, en donde la fuerza acumulada en Chiapas y otras partes del país permitiera a las FLN-EZLN convertirse en un partido político. Este proyecto chocaba frontalmente con el de Marcos, quien venía promoviendo entre las comunidades organizadas la necesidad de levantarse en armas en un plazo perentorio. La actitud del obispo Samuel Ruiz, quien después de años de haber aceptado a las FLN-EZLN, había dado la espalda a la lucha armada ante los resultados catastróficos de las guerras civiles en Guatemala y El Salvador, tenía el potencial de desbaratar el apoyo comunitario a los rebeldes. Muchas comunidades, en efecto, empezaron a desertar.

Es probable que, ante la perspectiva de perder lo conquistado, Marcos no tuviera ningún empacho en hacer lo que hizo: asumirse como la autoridad principal del EZLN, por encima de los comandantes, con el apoyo de los líderes comunitarios. En una asamblea donde los votantes habían sido previamente convencidos de aprobar la guerra, el grupo de “Rodrigo” no tuvo ninguna oportunidad de abogar por su propuesta. Aún cuando “Rodrigo” y “Germán” aceptaron la votación, el primero reconoció su marginación. Posteriormente, el grupo de “Rodrigo” causó baja de las FLN-EZLN. Con el ascenso de Marcos, “Germán” se enfrentó a una disyuntiva muy difícil: renunciar a la organización que su hermano César y otros compañeros habían fundado en 1969, por la que habían dado la vida, por la que muchos otros habían luchado hasta el final y a la que le había dedicado todo su tiempo desde entonces, o aceptar las nuevas condiciones impuestas por el subcomandante. La correlación de fuerzas no le era favorable a “Germán.” María Gloria Benavides, “Elisa,” la única que compartía el grado de comandante con “Germán” y “Rodrigo,” había sido degradada de facto y enviada a las redes urbanas a cumplir funciones que no tenían nada que ver con su rango militar. Con la desaparición del grupo de “Rodrigo”, “Germán” quedó como jefe único del recién fundado Partido Fuerzas de Liberación Nacional (PFLN) el cual, sin embargo, estaba reducido a su mínima expresión. En ese contexto, me parece comprensible que “Germán” hubiera preferido permanecer en la organización, aún si eso implicaba aceptar hechos como el poder que Marcos le había otorgado a sus amigos, los subcomandantes “Pedro” y “Daniel.” Es claro que, si hubiera roto con Marcos, “Germán” lo hubiera perdido casi todo. Además, a diferencia de otros cuadros clandestinos, su identidad real era conocida por los servicios de inteligencia y no hubiera podido retornar fácilmente a la vida civil.

…El EZLN que se levantó en armas era socialista porque así habían sido entrenados sus cuadros desde 1984. Sin embargo, de acuerdo con un exmilitante, Marcos giró instrucciones para que los zapatistas dejaran de hablar del carácter socialista de su lucha. En su cuenta de twitter Adela Cedillo escribió  el 19 de nov.  “Germán ha dado una lección al haber puesto la verdad por encima de todo” El EZLN es producto de la tenacidad olímpica de las FLN, cuando esta organización era mayoritariamente mestiza. Lo que pasó en los ’80, la alianza de estos mestizos con los indígenas de los Altos y la Selva Lacandona es un episodio asombroso de sinergia y perseverancia infinita.

Cuando el Subcomandante Marcos -quien se ganó el grado porque pasó las pruebas- le dio un golpe de estado a la dirección mestiza de las FLN, automáticamente se convirtió en la máxima autoridad militar. El nombró a los líderes comunitarios comandantes e inventó a la comandancia. Lamentablemente, de las mismas filas de las Fuerzas salió un personaje artero, deshonesto y enfermo de poder, quien ha monopolizado el relato histórico del proceso formativo del EZLN en perjuicio de las FLN, borrando 14 años de lucha clandestina llena de muertos, desaparecidos y ajusticiados. Para él la historia comenzó en 1984, cuando él llegó a la selva. Desde entonces no hizo otra cosa que acumular poder en silencio. A la par que considero una proeza histórica la lucha de las comunidades indígenas por su emancipación, este tipo del que hablo no me merece ninguna consideración. Borrar a los caídos, dar golpe de estado a sus mentores, desconocer los grados militares de los indígenas que venían de las FLN para nombrar comandantes a modo y marginar a la gente que le fue leal hasta el absurdo, sólo lo hace ver como el más típico de los caudillos. No diré nada más, pero para mí se acabó el pacto de silencio y en esto le doy toda la razón al comandante Germán.» Adela Cedillo

A lo largo de todos estos años me han preguntado por qué no había escrito la tercera parte de mi trilogía sobre las FLN. Este hilo es la respuesta. Ahora creo que al fin podré cerrar el círculo.

El empeño por parte de Adela Cedillo de cerrar el círculo es importante como un necesario homenaje a los hombres y mujeres que ya no están y que dieron su vida por un México con justicia social y para los militantes que aún viven, algunas tuvieron grado militar, silenciadas, marginados y orillados en la cuneta de la historia y a los que ningún medio de comunicación presta  atención  porque el brillo de sus vidas  se apagó en el olvido y la difícil supervivencia cotidiana.

FUENTES:   

Revista  PROCESO. Isaín Mandujano  20 nov. 2021.

revistacomun.com

Historias de fuego. La ventriloquía del Subcomandante Marcos-Galeano, la memoria de las Fuerzas de Liberación Nacional y la ruptura del silencio. Adela Cedillo.

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